MI 15O


Eran las seis de la tarde cuando llegue a la plaza de la constitución, gente con gorros amarillos, lazos luciendo en sus camisetas, solapas, bolsos…decoraban una plaza animada ya por las barracas de las fiestas del barrio de El Pilar, pero con poca gente, todavía.
A las doce y poco segundos de aquel día comenzaron a circular por twitter los primeros mensajes que dejaban bien claro las ganas que todos teníamos de que llegara aquel día, “feliz #15O” decían unos, “ya es #15O, hoy el mundo temblara” se leía en otro, y así durante toda la noche.
Durante todo el día los mensajes de ánimo fluían libres por la red, las ganas se contagiaban a través de simples palabras acompañadas por un avatar más o menos familiar. Las diversas ciudades ultimaban los preparativos y comunicaban al mundo los lugares en los que quedarían unas horas más tarde, los recorridos se repetían una y otra vez, las consignas burbujeaban en los teclados…
Salí de mi casa para dirigirme al lugar de inicio de la manifestación de Acampada Gasteiz con el corazón acelerado, cerré la puerta mientras me aseguraba de que la batería de la cámara estaba completamente cargada y que la tarjeta de memoria estaba en su sitio, deje que el sol llenara los pocos huecos de mi interior que no estaban ocupados por las ganas de empezar a andar tras la primera pancarta.
Volví a mirar el reloj, las seis y media. Levante la cabeza y no podía creerme lo que vi: la plaza se había llenado mientras yo revivía la emoción previa.
Una sonrisa se dibujo en mi cara, una gran sonrisa que no entendía de sentimientos materiales, una sonrisa de esas que tanto cuesta encontrar hoy en día, una sonrisa verdadera.
Desenfundé la cámara y comencé a moverme de aquí para allí, intentando hacerme una idea de la cantidad de gente que estábamos en la plaza. Pero la emoción era tal que los números me bailaban, y la gente seguía llegando.
La gente comentaba “a ver si esta vez nos escuchan”, alguno (igual que yo) seguía sorprendido “vamos a tener que empezar a andar o no entraremos en la plaza”, y mientras tanto los niños les enseñaban orgullosos a sus padres lo bien que les quedaba el lazo amarillo, o la pegatina que los integrantes de Acampada Gasteiz repartían a cambio de “la voluntad”.
Los pocos huecos que quedaban se llenaron rápidamente y cada vez resultaba más complicado moverse entre tanta gente. “En unos momentos comenzaremos la marcha” se escucho salir de un megáfono todos notamos el latigazo de la impaciencia. Aquello comenzaba, en muchos rincones del país ya lo había echo (en algunos lugares del mundo incluso había terminado), pero en Gasteiz estaba a punto de comenzar.
Las encargadas de llevar la pancarta demostraron el papel tan importante que juega el sexo femenino en el mundo y dejaron bien claro que este movimiento no entiende de ese gran mal que nos asedia hoy en día, la discriminación de género. Prestaron sus manos, y sus voces, para guiar a la gran multitud que las seguía por las calles de Vitoria.
Emprendimos nuestro camino con la confianza que otorga la certeza de estar luchando por algo justo acompañando cada uno de esos primeros pasos y comenzamos a llenar la carretera de la Avenida Gasteiz.
Los canticos se sucedían, “a ti, a ti, a ti también te roban”, el ya clásico “no nos mires, únete” o “lo llaman democracia y no lo es…es una dictadura y lo sabéis” eran los encargados de alentar a la gente.
La noche se echaba encima y era hora de encender las velas, linternas, etc., que la gente había llevado consigo desde el principio  de la manifestación. “Seremos luz en un sistema repleto de oscuridad” rezaban los distintos carteles y fliers que se repartieron por toda la ciudad, y así fue. La manifestación se convirtió en una serpiente iluminada de principio a fin por personas que abandonaron sus diferencias para prender la llama del cambio global.

La manifestación entró en su recta final, la calle Dato. Decenas y decenas de personas se encontraban en las distintas terrazas de los bares que llenan ambos lados de la calle y nosotros nos abríamos paso entre sus miradas de asombro y estupefacción al grito de “no nos mires, únete” y “a ti, a ti, a ti también te roban”.

Los ánimos inundaban la acera de lado a lado ante la proximidad de la plaza de la Virgen Blanca, pero antes tocaba pasar por delante de una de las sedes del PP en vitoria y la gente no lo dudo, levanto sus voces una vez más para dejarles claro que NO NOS REPRESENTAN. Giro en la calle Postas y vuelta a empezar: “todas las asambleas, tenemos un deseo, cambiar el sistema con este meneo. Meneo pa´lla, meneo pa´ca, meneo pa´lante, meneo pa´tras”.

La noche lo había llenado todo, pero sabíamos a donde nos dirigíamos y nuestro paso continuó firme, decidido y acompañado por miles de pasos más. Comenzamos a subir la cuesta de la Virgen Blanca sorteando los chorros de agua que el ayuntamiento decidió no cortar para la ocasión. Pero nos daba igual, no importaba mojarse y el frio se disipaba entre la marea humana que reivindicaba la plaza como su lugar de reunión. Tomamos posiciones mientras el sonido de una txalaparta llenaba el silencio que las gargantas cansadas habían creado al descansar unos instantes.

Las vistas desde la balconada eran increíbles: una plaza bañada por la oscuridad, llena de gente portando velas, linternas…incluso móviles. No necesitábamos mas para sentir a esas personas que nos rodeaban como afines. El sistema de sonido, que varios componentes de Acampada Gasteiz habían montado mientras nosotros andábamos, funcionó a la perfección y la lectura del manifiesto fue sobrecogedora. La plaza estallaba en gritos de apoyo y el suelo temblaba bajo la masa crítica del 99%.

En resumen, un servidor nunca había vivido un momento tan maravilloso en su vida y puedo decir sin miedo a equivocarme que en esta difícil lucha en la que nos vemos envueltos nunca estaré solo, siempre contare con 5.999 personas más a mi lado.

Gracias a los organizadores, gente de seguridad, a los que montaron el sistema de audio, a los que se encargaron de que no faltaran velas, ni animación… en definitiva, gracias a todos y cada uno de los que decidisteis decir basta el día 15 de Octubre de 2011, tanto en Gasteiz como en el resto del país (y del mundo), gracias por convertir algo etéreo en algo tangible.

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