Resaca de violencia injustificada


Llevo varios días enganchado a Internet, por lo menos en la medida en que mi tiempo me lo permite. Desde que comenzaron las protestas de los manifestantes laicos (manifestaciones convocadas por más de 150 organizaciones y plataformas, aquí ya no sólo hablamos del movimiento 15M y de los indignados, ya no sólo hablamos de cuatro perroflautas).

Lo dicho, llevo varios días leyendo blogs, buscando noticias relacionadas en prensa, viendo vídeos, guardando fotografías y no puedo librarme del cabreo, la frustración, la impotencia, y, una vez más la indignación. A veces siento que estoy empezando a perder la cabeza, que estamos todos empezando a perder la cabeza.

Los casos de Gorka Ramos, de Lidia Hucher, de Jonás Candalija, de Patricia Horrillo y de Daniel Nuevo me han impresionado. En estos cinco casos tenemos pruebas gráficas muy detalladas para poder sacar nuestras propias conclusiones. No puedo evitar pensar cuántos casos similares habrá por ahí. Porque no podemos negar que si las historias de estas cinco personas ha trascendido es porque están todos vinculados al mundo de la comunicación. Ellos cuentan con contactos y recursos con los que las personas normales no cuentan. Hemos comentado en más de un post que la mayoría de los medios de comunicación estaban ayudando a silenciar todos estos casos de abusos de autoridad. Pero parece que ese silencio se ha terminado. No tengo afán ninguno de desprestigiar a nadie, ni de manipular la información, ni de convencer a nadie de nada. Simplemente quiero que la verdad salga a la luz, y que cada uno podamos sacar nuestras propias conclusiones. Todos los que colaboramos en El Perroflauta Indignado respetamos la diversidad de opiniones e incluso las apreciamos, porque creemos que esa diversidad nos enriquece, nos ayuda a ver toda la gama de grises entre los blancos y los negros, nos ayuda a contemplar en detalle la otra cara de la moneda.

Además de mi cabreo, de mi frustración, de mi impotencia y de mi indignación, siento tristeza y miedo. Tristeza porque creo que estamos perdiendo la cabeza y porque no sabemos encontrar a los verdaderos culpables y miedo porque no sé cómo va a evolucionar esto.

Respecto a las fuerzas de seguridad y a su comportamiento durante estos días, tengo algo que decir. A lo largo de mi vida, por diversas circunstancias he tenido contacto con trabajadores de diversos cuerpos de seguridad: militares, Ertzaintza, Guardia Civil, policías municipales, escoltas, etc. Algunos de ellos han acabado siendo amigos, además de conocidos. Y he de reconocer que en ningún momento les reconozco a ellos en las imágenes que circulan por Internet estos días. No digo que siempre actúen bien, que sean infalibles, pero, desde luego, no he percibido nunca el sadismo y la saña que estoy viendo estos días.

Pero hay dos conceptos en los que sigo creyendo firmemente:

– En primer lugar, no debemos olvidar que los cuerpos de seguridad reciben órdenes, del Ministerio de Interior en este caso, y si en las declaraciones del portavoz del ejecutivo, José Blanco nos dice que se respalda la actuación policial, cabe pensar que efectivamente cumplían órdenes. Os dejo una de las noticias de prensa que se han hecho eco de estas declaraciones:

Blanco respalda la acción policial frente al PP, que pide dimisión delegada

– En segundo lugar, sí que creo que al margen de las órdenes recibidas, determinados efectivos traspasaron, voluntariamente, ciertos límites. Sí que creo que ciertos elementos han disfrutado con el terror que inspiran, pero creo que estas personas son una minoría. El mismo Daniel Nuevo en sus declaraciones comenta que tuvo la sensación de que uno de los policías presentes intentó protegerle. Así que, por favor, no generalicemos, porque estoy segura que entre los antidisturbios que actuaron las dos noches pasadas hay personas como tú y como yo, cabreados y frustrados, que se indignan ante estos abusos de autoridad, que se indignan y que intentan aportar su granito de arena para que estas cosas no pasen. Y no olvidemos, por favor, que los cuerpos de seguridad son personas y que como tales cometen errores y que es muy difícil mantener la cabeza fría en una situación así. No justifico a aquellos que se sienten por encima de la ley, no justifico el sadismo del que hemos sido testigos estos días, pero, por favor, seamos comprensivos, porque todos los policías no actúan igual. Exijamos responsabilidades a aquellos que realmente son responsables, pero no actuemos como borregos afirmando que el enemigo es la policía.

Para terminar, sigo pensando en qué podemos hacer cada uno de nosotros, en nuestra vida cotidiana para ayudar, para colaborar a cambiar las cosas. Y me vienen dos ideas a la cabeza. Por un lado la difusión de la información, ése es nuestro poder, la palabra, las imágenes, los vídeos. Tenemos que ser pesados hasta el asco y contarles a todos nuestros amigos, familiares y conocidos lo que está pasando, compartid los documentos por email y por las redes sociales, ayudemos a que la información y la verdad fluya.

Y, por otro lado, me pregunto, desde la ignorancia total sobre estos procedimientos ¿sería posible que cada uno de los testigos de estas situaciones pusiéramos una denuncia por el abuso de autoridad y la violencia injustificada? Que yo sepa, hasta ahora, tan sólo las víctimas están denunciando, pero ¿es posible que los testigos también lo hagan? Igual algún letrado puede orientarnos en este sentido.

Un abrazo a todos, muchas gracias por visitarnos y por ayudarnos a denunciar la realidad que nos rodea y muchas gracias sobre todo a Gorka, a Lidia, a Patricia, a Jonás y a Daniel, por su valentía. Sois un ejemplo para todos nosotros.

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Un pensamiento en “Resaca de violencia injustificada

  1. Totalmente de acuerdo en que no se debe generalizar. Me siento francamente disgustada cuando en manifestaciones o concentraciones se empieza a increpar a la policía (antes que actúen) con insultos y descalificaciones del tipo “hijo de puta”, “asesinos”, “sois basura”. No nos lleva a ningún sitio, y lo único que puede hacer es alimentar más las ganas de los sádicos de sacudirnos, o disminuir las ganas de otros agentes no-sádicos de unirse a cualquiera de estos actos civiles.

    Por poner otro ejemplo (de humanidad): en el desalojo de la plaza Capuchinos (frente al CIE) en Málaga del pasado 7 de agosto, oí a varios testigos decir (al menos dos; yo personalmente no lo vi) que habían visto cómo a mitad del desalojo uno de los agentes se alejó del lugar llorando.

    Ante todo somos personas. Si no nos gusta que nos juzguen y nos pongan etiquetas por nuestras “pintas” o apariencia física, tampoco deberíamos hacerlo con los demás.

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