¿Filantropía o especulación?


Hace unos días, hablaba por teléfono con uno de los socios propietarios de una empresa más bien modesta del norte de Europa. Este señor, me contaba que acababa de comprar material e inmuebles a dos empresas de su ciudad por valor de unos tres millones de euros.

Muy orgulloso, insistía en que, gracias a él, estas dos empresas iban a poder continuar abiertas y en funcionamiento, puesto que necesitaban como agua de mayo esa inyección de liquidez de tres millones que este señor acababa de servirles en bandeja. Se jactaba sin descanso de la buena obra que había hecho, al “ayudar” a estas dos empresas a sobrevivir.

El discurso seguía en la misma línea: “En estos momentos tan difíciles es cuando tenemos que tendernos la mano los unos a los otros. Al fin y al cabo cuando oímos que una empresa va mal y que ha echado a gente a la calle, no sólo estamos hablando de cuentas de explotación, de ratios, de endeudamiento, estamos hablando de personas que se quedan sin trabajo, de familias que tienen que vender su casa, de hombres y mujeres haciendo malabares para llegar a fin de mes. Somos personas… ¡eso es lo que se nos olvida! Y considero que mi obligación como empresario y como ser humano es ayudar en todo lo que pueda, en todo lo que me sea posible.”

Para cuando colgué el teléfono, yo no podía contener mi emoción ante tal muestra de altruismo, pese a que no podía evitar calcular mentalmente el rendimiento que este señor le sacará a su inversión en un plazo de unos cuatro o cinco años, ya sea utilizándola como medios productivos o tan sólo con fines especulativos.

A pesar de este detalle sin importancia, seamos serios, señores, deberíamos aprender de este gran empresario, tan preocupado por las personas y su calidad de vida. Digno de toda nuestra admiración al dejar en un discreto segundo plano la ambición desmedida que muchos de los empresarios de nuestro entorno nos demuestran día tras día.

Lo único que me pregunto yo ahora es si los 40 empleados que este señor va a echar a la calle de aquí a finales de esta semana durante la reestructuración de su propia empresa piensan lo mismo que yo. Probablemente, le rogarían que fuese un poco menos generoso con las empresas de su entorno y un poco más comprensivo y paciente con su propia gente, con aquellos que durante los últimos años, se han dejado la piel por él y por su empresa.

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