Todo ha comenzado…


El 15M nos ha sorprendido a todos y a todas, y digo “ha sorprendido” en el sentido mas maravilloso y halagador que pueda tener esa palabra.

El malestar crecía cada día que pasaba, los ánimos se crispaban más y más, las ilusiones se nos desinflaban a medida que comprendíamos que por mucho cambiar nuestro voto el resultado sería el mismo: unos cuantos se llenarían los bolsillos mientras la mayoría sudaríamos para lograr que el final de mes no llegara antes del día 15. Las conversaciones fluctuaban entre el paro y los recortes, o entre las deficiencias políticas y el encarecimiento de los pisos, de la comida… y todo esto mirando de reojo al precio del barril de petroleo y al euribor.

Pero no podemos culpar de todo al señor que ocupa un asiento en el parlamento, ni a la señora que deniega los préstamos para conseguir una vivienda, nosotros pusimos nuestro granito de arena. Las familias aceptaban hipotecar su futuro, que no su piso, por conseguir una calidad de vida que no necesitaban, queríamos mejores coches, mejores móviles, mejores vacaciones… y comenzamos a acumular deudas y a recopilar letras y más letras.

Pero llegó Mayo, llegó el día 15 (antes temido por tantos y ahora tan querido) y todos salimos a la calle. Todas nos juntamos bajo un mismo paraguas, bajo un mismo lema, bajo una misma consigna: DEMOCRACIA REAL

Miles de personas nos echamos a la calle indignados con la realidad socio-politica y económica que habían provocado (aunque nosotros contribuyéramos a ello en un pequeño porcentaje) aquellos que se suponía que estaban cualificados para manejar el timón. Y todos sabemos lo que sucede cuando un capitán no gobierna bien su barco: la tripulación es la que asume esa delicada tarea.

Los políticos nos engañaban, jugaban con sus promesas electorales.

Los sindicatos no nos ayudaba, se llenaban los bolsillos con cada nuevo ERE.

Los banqueros secuestraban nuestro dinero y mercadeaban con el.

Los empresarios nos explotaban a su antojo.

Nos meaban, y los MEDIOS DE COMUNICACION nos decían que llovía.

Ninguno de ellos nos representaban, y por ello decidimos rebelarnos contra sus malas artes, y seguirán sin representarnos hasta que decidan trabajar por y para el pueblo.

Por que esto no ha hecho mas que comenzar, y por mucho que nos peguen, por mucho que quieran hacernos de menos llamándonos “perroflautas” el sentimiento de indignación seguirá ardiendo en nuestros corazón.

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